Desprender
- Abril Morales Cordero
- 20 jun 2024
- 2 Min. de lectura
(Vicio parte II)

Un espacio vacío en su cama le recordaba la abstinencia que vivía, al igual que la primera vez, cuando sintió que moría sin su tormentoso veneno. Él se aparecía para saciar los rastros de sed que le quedaban, temeroso de sus presentimientos e ignorando por completo la necesidad.
Música, humo y silencio eran protagonistas del siniestro ritual que antes significó tanto. Durante su ceremonia ardían las almas, el calor envolvía sus cuerpos, e iluminaba sus miradas y la sangre saciaba todo apetito, sin embargo, se sentían crueles y vacíos al terminar. Pero era a ella a quien le rugía el corazón ungido en vicio y dolor, mientras su cerebro procesaba los componentes de aquel infame veneno y se preguntaba quién sería la siguiente.
Ambos sabían que la esencia se desvanecía, dejando solamente los huesos de una dependencia que se pulverizaban en cada visita. Él ya no llamaba, no escribía, y se le dificultaba mantener viva una conversación, apenas se sostenían la mirada.
Después de un par de semanas más de ausencia, luchando con su fiera necesidad, se vio capaz de decidir por sí misma y pedirle que no se presentara aquella noche. Las velas se rehusaban a iluminarse sin la presencia del joven y aunque su cuerpo lo pedía a gritos, le fue imposible rasgar su propia piel.
Las cortinas se movieron, ilusionando a su sangre maldita, pero él no apareció. Despertó en la soledad de su sagrada habitación ahogada en olvido. Rayos de sol intentaban colarse por la ventana, ella dejó caer las cortinas, dando paso a la luz para acabar definitivamente con su tormento; el ritual, la necesidad, el muchacho, la esencia que los unía, aquello que la mantuvo despierta tantas noches se desintegró frente a sus ojos al tiempo que se desprendía el peso de su corazón.





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